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jueves, 11 de marzo de 2021

Arenga a los trabajadores sobre su futuro a conquistar...

«Nosotros no decimos a los obreros que son los parias de la sociedad moderna, porque esto no sería decirles nada positivo ni preciso. Para encarecer su lastimoso estado no es menester llamarles parias: basta llamarles proletarios, basta llamarles trabajadores; porque tan discreta y equitativa es la distribución de bienes y males en el estado social presente que llamarse propiamente trabajador quiere decir, con elocuencia compendiosa, estar sujeto a las más acerbas tribulaciones humanas; así como no ser trabajador, gozar de lo superfluo con todas sus inmundicias y prerrogativas. No llamamos parias a los trabajadores; sin metáfora alguna afirmamos que el obrero está supeditado económica y políticamente a la clase poseedora; que la libertad no se ha conquistado para él; que aún existe la estratificación de clases, y que la trabajadora está debajo sufriendo la tiránica pesadumbre de la clase poseyente; que si ha cambiado de forma  de las relaciones entre las clases poseedoras y la clase que viene desnuda de todas armas a la lucha por su existencia, subsisten en el fondo y la esencia de esas relaciones, por cuya virtud, o, mejor, por cuyo vicio, una parte de la humanidad se alza con el dominio que le da el trabajo ajeno. (...) Si el esclavo era una propiedad, si el siervo era un usufructo, el obrero actual no tiene más representación social que la de una mercancía que sólo puede subsistir vendiéndose a diario hasta la muerte. (...) ¿Basta consignar esta igualdad en el derecho para que exista el hecho? ¿Pueden ser iguales en lo político los que en lo económico se hallan en condiciones diametralmente opuestas? (...) La incultura de la clase obrera –como toda otra esclavitud, y no es esta la menos dolorosa– de la supeditación económica depende; muchos son ignorantes porque son obreros. ¿Acaso la distribución de los hombres en clases se hace por sus aptitudes mentales? ¿Acaso los obreros son hombre de otra raza intelectualmente inferiores a los poseedores del capital? Ahí está la realidad para demostrar lo contrario. Bien se ha dicho que el dinero no sigue la ley de la gravedad; así se explica que tantas calabazas llenas de oro sobrenaden en el océano social. (...) A pesar de las enseñanzas de la ciencia positiva y de las corrientes avasalladoras del pensamiento moderno, no habéis podido desechar de vuestros cerebros la herrumbre de las concepciones estáticas de la naturaleza y la humanidad. ¡Buena idea de progreso la vuestra, que sólo concebís el cambio en lo accesorio, en lo puramente formal o exterior, sin acertar a comprender que la evolución alcance en la naturaleza o a los caracteres fundamentales de tipo orgánico, y en la humanidad al fondo mismo de las relaciones sociales! Conviene, por el contrario, que os vayáis acostumbrando a la idea de que el sistema actual de producción y de cambio no es permanente, sino transitorio; que así como no es el primer término de la evolución económica, no es tampoco el último; que si nació ayer con la revolución burguesa, morirá mañana con la revolución proletaria. Esto es lo que en primer término debe de saber todo obrero, puesto que es el fundamento de seguras esperanzas de redención: que su condición de proletario no es eterna; que el salario no es un hecho natural, necesario para la existencia de la sociedad, ni siquiera un hecho normal, sino un estado de las relaciones económicas accidental, transitorio, traído por el desarrollo histórico, que el mismo ha de sepultar, y no tarde, en el panteón de las instituciones odiosas. Y esto es lo que no acertamos a comprender cómo se oculta a vuestro talento y a vuestra cultura; pues si acaso prescindierais a sabiendas de esta verdad, si la tendencia natural del desarrollo económico apareciera a vuestra vista con la claridad y evidencia que a la nuestra, no habría crimen tan abominable como el de esforzaros en retardar una evolución salvadora, poniendo vuestro empeño en prolongar un estado social que la ciencia y la justicia condenan al mismo tiempo. (...) Bien que los poseedores del capital, cuyo es el imperio del mundo, mirando las cosas a través de sus intereses, sustenten aquel error, incompatible con el saber actual; pero vosotros, hombres de ciencia que no seáis capitalistas, al constituiros en abogados de la opresión burguesa, no sólo vais contra la verdad científica; vais también contra vuestros intereses fundamentales; por una paga siempre mezquina, por un dominio ilusorio y efímero, vendéis los derechos sagrados del trabajo, derechos que también son vuestros, pues también vosotros tenéis el cuello bajo el pie de la burguesía, cuyos egoísmos estáis obligados a defender. ¡Y qué ilusión si os juzgáis los directores del mundo, y no los servidores pagados de la burguesía! Sería ilusión comparable a la del lacayo, orgullo de su librea, que en lo alto del pescante se creyera superior al amo que le paga y árbitro de dirigirlo a su antojo. Y hay una condición más miserable que la de oprimido por fuerza: la del lacayo voluntario». (Jaime Vera López; Informe ante la comisión de reformas sociales, 1884)

martes, 19 de enero de 2021

¡Los oportunistas al rescate del «gobierno del cambio»!; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


«Como pudimos comprobar en entregas anteriores [*], en el tema educativo tampoco debemos engañarnos. El creciente desprestigio de la educación pública –desde la educación infantil hasta las universidades– se ha hecho patente estos últimos años y demuestra que deja mucho que desear por varios motivos, pues no todo depende de la mala gestión y la falta de financiación, sino que los problemas son mucho más profundos. 

Pero, para la «izquierda light» señalar la verdadera raíz de estos defectos en la educación, sobre todo cuando gobierna el PSOE-Podemos –como ocurre ahora–, es motivo automático de condena, significa «hacerle el juego a la derecha», ya que, para algunos, pareciese que no contemplasen la existencia real de problemas serios de funcionamiento. Otros, sabedores de que es necio intentar tapar estas deficiencias, tratan de convencernos que estos fallos de la institución educativa transcurren por cauces ajenos a cómo está estructurada la propia educación pública burguesa. Resultaría que nosotros estaríamos equivocados en los motivos, puesto que «¡la culpa es del anterior gobierno de la derecha!» o en su defecto, «¡del saboteo que se ejerce contra el gobierno progresista!». A los que se creen esta pantomima deberíamos preguntarles: ¿y vuestros grandes líderes no sabían qué país iban a heredar al llegar al poder? ¿Qué medidas contundentes han tomado en consecuencia? 

Sería inútil debatir todo esto con los jefecillos del reformismo. Simplemente cada uno cumple su función. Por eso, podemos encontrar casos de organizaciones que con su populismo característico defienden con ahínco, por ejemplo, la «actual programación escolar», razonando que esto debe ser así porque debemos confiar en el «criterio y profesionalidad de los actuales docentes». Así, pues:

«Las actividades complementarias están incluidas en la programación que los centros, previa consulta de los consejos escolares, se aprueban y estas son obligatorias y evaluables. Y contra ellas no existe objeción de conciencia. Confiamos en el criterio y la profesionalidad de los docentes y consideramos inadmisible que se les censure en su ejercicio docente». (Manifiesto por la eliminación del pin parental en la región de Murcia; Firman 103 colectivos, 17 de enero de 2019)

¿Sí? ¿Seguro? ¿También confiáis en el Ministerio de Educación y los consejos escolares manipulados por los burócratas y aburguesados de siempre? ¿En las reputadas «instituciones universitarias» y «revistas especializadas» que aceptan tesis posmodernas sobre la verdad y el conocimiento científico? ¿De verdad os resultan fiables los ahora tan de moda «estudios de género»? ¿Depositáis vuestra confianza en los profesores que se valen de su puesto para vender sus libros a sus alumnos a precios de escándalo? ¿En las universidades que estafan a las familias con cursos de mística idealista para «niños telépatas» como hace la UNED? Esto muestra que quienes firman este documento no son muy honestos ni imparciales. Son tan cortos de miras que creen apoyar un modelo progresista por defender la educación pública en abstracto, incluso a costa de ocultar sus evidentes limitaciones y fallos.

Estos manifiestos para «la defensa y mejora de la educación» vienen a ser impulsados por los mismos charlatanes «revolucionarios» que, en los años 80, tragaban sin masticar todas las enseñanzas de filosofía e historia que recibían de las universidades. Fueron aquellos que buscaron hacer «entrismo» en el PSOE «para presionarle a cumplir los anhelos populares». Poco después, parece ser que les pilló de sorpresa darse cuenta de que no tenían capacidad real de cambiar nada, y que el gobierno de Felipe González no solo no cumplió su programa electoral –ya de por sí insuficiente para atender las necesidades de la población–, sino que atacó las pensiones, la educación y la sanidad. España asistió a uno de los periodos de huelgas, protestas y mayor conflictividad social. Pese a la ofensiva «neoliberal» del PSOE en los años 80, los ilusos de siempre volvieron a depositar sus esperanzas en el «progresista y renovador» Zapatero, aunque tras la crisis de 2008 volvieron a quedar retratados. ¿A la tercera va la vencida? En 2014 algunos de los elementos descontentos con el PSOE y otros nuevos se subieron al carro del «fenómeno morado» para apoyar a Pablo Iglesias con Podemos. Este venía con un programa muy similar al de Felipe González. ¿Y bien? Una vez más los reformistas se dieron de bruces contra la realidad. 

Pese a lo que dice la historia, la labor de los partidos «constitucionales» de todo signo político es convencernos de que su objetivo es impulsar una educación pública, laica, universal, de calidad y científica… ¡bueno y ahora también feminista!

«El cabeza de lista de Podemos al Congreso de los Diputados por la provincia de Ciudad Real, Juan Pablo Wert, ha avanzado que si llega a la Cámara Baja trabajará desde el Grupo Parlamentario de la formación morada por una reforma educativa «que no se haga de espaldas a la comunidad», ya que «es algo demasiado serio como para dejarlo solo en manos de los políticos», y apostará por que traiga una educación «laica, gratuita y de calidad». (Periódico CLM; «Apostaré desde Podemos por una educación laica, gratuita y de calidad», 10 de diciembre de 2015)

Precioso. Nuestra pregunta es, ¿es una propuesta de verdad o será como «no cogobernar con el partido de la casta y la cal viva», la «salida de la OTAN», «eliminar la carta magna monárquica del régimen del 78», «juzgar los crímenes del franquismo», la «derogación de la reforma laboral», «investigar los fraudes y negocios turbios del rey», «garantizar el pleno empleo», «apoyar el derecho de autodeterminación», «parar los desahucios y reducir el precio de los alquileres», o introducir el «impuesto a los ricos»? Parece ser que a Podemos ni en el gobierno nacional ni en sus «ayuntamientos del cambio» les ha ido muy bien –razón por la que los ha ido perdiendo con una sangría de votos y alcaldías cada vez mayor–. Véase la obra: «Las luchas de fracciones en Podemos y su pose ante las masas» de 2017.

Señoras y señores... cuando te engañan una vez eres un crédulo, cuando lo hacen dos veces eres un colaborador consciente y formas parte de la pantomima.

jueves, 31 de diciembre de 2020

El feminismo gubernamental, la cuestión del pin parental y el clásico seguidismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

«A los marxistas no les importa en absoluto las zarandajas del actual sistema legislativo burgués. Desconfían de sus bonitas declaraciones sobre la «defensa de los derechos humanos», la importancia de «educar en valores», etc. Todo radica en analizar los hechos claros, palpables. 

Es cómico el papel que algunos autodenominados «marxistas» están jugando, practicando el seguidismo clásico a la producción teórica de la pequeña burguesía radicalizada, más concretamente a la corriente del feminismo. 

El embelesamiento sobre el feminismo lleva hoy a la «izquierda» y los «revolucionarios» a que digan cosas tan sorprendentes como la que sigue a continuación:

«El 14 de enero se me impidió participar en un debate del PCPV sobre «Patriarcado», alegando que era exclusivamente para mujeres, cosa que se anunció a última hora. Por ello, expongo aquí las reflexiones que no pude exponer allí. (...) Propugnar un Feminismo «de clase» puede significar querer trazar una línea divisoria dentro del movimiento feminista que no ayudaría a su expansión. Pero lo más grave es que puede significar también pretender trazar una línea divisoria dentro de la clase trabajadora. Y es importante combatir cualquier intento de dividir a la clase trabajadora, sea por criterios nacionales, generacionales, de lugar de nacimiento o de género». (Rafael Pla López; ¿Feminismo de «clase» o «de la clase»? 2018)

Este «aliado» del feminismo que confiesa ser ninguneado por sus «compañeras» en los «espacios no mixtos», agradece tal trato mezclando feminismo con marxismo –eso sí, bajo el disfraz de que es un «feminismo de clase»–, pero además disuelve al proletariado entre las clases sociales en general llamándola a todas ellas como «clases trabajadoras». Para finalizar este despropósito, propone que el marxismo adopte este «feminismo de clase» pero que a su vez no se sea sectario y no exija que plante su propia visión y reivindicaciones sobre los problemas que aquejan a la «mujer trabajadora», porque eso puede «reducir su base social». En resumen: ¡«Que se abran cien flores y compitan cien escuelas de pensamiento»! ¿Se imaginan lo que podría salir de juntar esta novedosa «visión plural» e «interclasista» sobre la problemática ecológica o de género? Bueno, qué decir, ahí tenemos en Europa años de actividad de Los Verdes, Syriza o Unidas Podemos y las decepciones que causan su politiqueo. 

Trasladado esto al reciente debate sobre el pin parental en la educación –en torno a si la educación era cuestión del gobierno o de los padres–, este tipo de agrupaciones no dudaban, por supuesto, en defender a capa y espada al gobierno feminista. ¡Faltaría más!

«¿Cuál es el contenido real que se pretende censurar a través del modelo de control parental? Y este no es otro que una educación que nos ayuda a ser más libres y que nos impulsa a la igualdad en lo referente al feminismo y los derechos LGTBI. (...) Limitar el desarrollo del discurso igualitario que hay dentro del movimiento feminista». (República en Marcha; ¿Por qué la censura parental es contraria a los intereses de la clase obrera?, 2020)

Dejando de lado las cuestiones legales vigentes, los marxistas se oponen tajantemente a que el feminismo –o cualquier otra ideología anticientífica– tenga mano para introducir su ideología tanto en las actividades oficiales del centro como en las complementarias, tanto en educación sexual-afectiva como en lo tocante a la historia de la mujer. No hay más vuelta de hoja.

Hay que dejar claro que el feminismo no puede conjugarse con el marxismo, porque el segundo busca la abolición de clases mientras que el primero siempre ha sido un movimiento burgués –como denunciaban las propias marxistas–, uno que hoy cuenta con miles de ramificaciones y tendencias ideológicas, a cada cual más excéntrica y rimbombante. Véase el capítulo: «Comunistas» subiéndose al carro de moda: el feminismo» de 2020.

Incluso el vago concepto de «socialismo» que puedan tener las agrupaciones feministas o, en su defecto, las organizaciones influenciadas por el mismo, no dejará de ser un socialismo antagónico al marxista, exactamente como ocurre con los grupos revisionistas. 

«Las feministas declaran estar del lado de la reforma social, y algunas de ellas incluso dicen estar a favor del socialismo –en un futuro lejano, por supuesto– pero no tienen la intención de luchar entre las filas de la clase obrera para conseguir estos objetivos. Las mejores de ellas creen, con ingenua sinceridad, que una vez que los asientos de los diputados estén a su alcance serán capaces de curar las llagas sociales que se han formado, en su opinión, debido a que los hombres, con su egoísmo inherente, han sido los dueños de la situación. A pesar de las buenas intenciones de grupos individuales de feministas hacia el proletariado, siempre que se ha planteado la cuestión de la lucha de clases han dejado el campo de batalla con temor. Reconocen que no quieren interferir en causas ajenas, y prefieren retirarse a su liberalismo burgués que les es tan cómodamente familiar». (Aleksandra Kolontái; Los fundamentos sociales de la cuestión femenina, 1907)

Entender esto no significa que se deba refutar al feminismo en base al mero insulto ni tampoco con un lenguaje rebuscado que nada puede aclarar. Hay que aceptar el nivel ideológico generalizado y en consecuencia hablar de forma que la gente pueda entender el abismo que separa al feminismo del marxismo.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

El cruce de argumentos legislativos y morales entre derecha e izquierda sobre la educación y su rol; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Una de esas hipocresías burguesas es la creencia de que la escuela puede mantenerse al margen de la política. Ustedes saben muy bien qué falso es esto. La burguesía misma, que defendía ese principio, hizo que su propia política burguesa fuera la piedra angular del sistema educacional y trató de reducir la enseñanza a la formación de sirvientes dóciles y eficientes de la burguesía, de reducir incluso toda la educación, de arriba abajo, a la formación de sirvientes dóciles y eficientes de la burguesía, de esclavos e instrumentos del capital. Jamás pensó en hacer de la escuela un medio para desarrollar la personalidad humana. Hoy resulta claro para todos que todo esto sólo pueden realizarlo las escuelas socialistas, que tienen vínculos indisolubles con todos los trabajadores y explotados y apoyan de todo corazón la política soviética». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Discurso en el IIº Congreso de toda Rusia de maestros internacionalistas, 1919)

¿Tiene la educación una carga ideológica? La pregunta es hasta un atentado a la inteligencia. 

Ya en el siglo XIX, el jesuita Ramón Ruiz reconocía que la educación era la formación de cada nueva generación en unos valores determinados, instrucción con clara vocación doctrinal:
 
«Bajo el nombre de educación entendemos aquí, la formación consciente de las nuevas generaciones, conforme a la cultura y al ideal de cada pueblo y época. Esa formación puede tener por objeto las facultades intelectuales y los conocimientos con que se enriquecen; o bien, las virtudes o hábitos morales que constituyen el carácter. En el primer caso tenemos la educación intelectual; en el segundo, la educación moral, de la que forma parte principalísima la educación religiosa, como quiera que las más excelentes virtudes son las que se refieren a Dios, o a los demás hombres por respeto de Dios». (Esteban Mira Caballos; De la Formación del espíritu nacional a la Educación para la ciudadanía: Un estudio comparado, 2017)

El liberal-krausista Giner de los Ríos fue un claro opositor de los métodos de estudio anticuados de la Iglesia que condenaba al alumnado:

«Por necesidad constreñida a oír pasivamente una lección, o alternar en un interrogatorio de memoria». (Francisco Giner de los Ríos; Discurso en la Institución de Enseñanza Libre, 1881)

Eso no le impedía reconocer también que no podía darse una formación meramente técnica:

«La Institución no pretende limitarse a instruir, sino cooperar a que se formen hombres útiles al servicio de la Humanidad y de la patria. Para esto, no desdeña una sola ocasión de intimar con sus alumnos». (Francisco Giner de los Ríos; Discurso en la Institución de Enseñanza Libre, 1881)

Por tanto, nadie salvo un iluso o un demagogo declarará que la educación se da o se puede dar sin cargas morales-ideológicas, ya que consciente o inconscientemente ella siempre ha estado y siempre estará presente en el ámbito educativo. La cuestión no es, pues, debatir si eso existe, sino de qué tipo se desea implementar. El resto es palabrería.

Poco antes de la pandemia del COVID-19, hubo mucho ruido con la cuestión del «pin parental» en la educación, y este debate saltó a la palestra una vez más. Medios de comunicación se preguntaban: «¿Es la educación actual independiente del sesgo doctrinal? ¿Puede serlo con un gobierno diferente?». Nosotros podríamos continuar con este apartado exponiendo con todo lujo de detalles el cruce de argumentos jurídicos de uno y otro bando burgués sobre la polémica producida durante los meses anteriores, pero sería una pérdida de tiempo para arrojar luz sobre la cuestión educativa. Por lo tanto, en este apartado abarcaremos esta cuestión de forma somera, incidiendo únicamente en lo necesario para revelar el cinismo de los políticos burgueses. Y es que hoy, la derecha burguesa asume sin complejos las posiciones educativas de la vieja «izquierda» burguesa de los años 70, mientras la nueva «izquierda» se acoge a la defensa de los principios de la vieja derecha.

martes, 3 de marzo de 2020

La postura sobre la cuestión nacional y los marxistas-leninistas; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Este capítulo es un inciso necesario en el grueso del texto, presentado a modo de contextualización del problema del tratamiento de la cuestión nacional por las fuerzas progresistas en España desde el siglo XIX hasta hoy día. Hemos visto necesario desviarnos de la temática estrictamente referida al PCE (m-l), mas con el único objetivo de comprender mejor sus posturas en el contexto teórico español que abarca desde el siglo XIX hasta hoy día. Pedimos al lector su comprensión en este punto.

En España encontramos a Francisco Pi y Margall (1824-1901), que desarrolló su obra durante la segunda mitad del siglo XIX y que se postula como una de las figuras de mayor estudio y sensibilidad sobre la cuestión nacional en cuanto a entender la variada idiosincrasia que existe en lo que hoy se conoce como España. Pero Pi y Margall pese a su honradez, humanismo y alto pensamiento progresista para su tiempo –preocupado incluso, como decía Engels por la cuestión obrera y social–, no podemos decir que fuese un socialista de tipo materialista-dialéctico, pues pese a su autodenominación como socialista nunca pasó de ser un socialista utópico a lo sumo. Pi i Margall, un total desconocido en la actualidad, sin duda se sitúa en la historia como el exponente más brillante del socialismo utópico español. Los pensadores de las numerosas escuelas utópicas que poblaban España desde la década de 1840 habían dejado de lado la cuestión nacional, haciendose eco del nacionalismo, de ideas semireligiosas, legalistas, de conciliación entre clases, etc. Entre los socialistas utópicos más destacados antes de la obra de Pi i Margall encontramos a Joaquín de Abreu, liberal-fourierista, Sixto Cámara, proudhoniano defensor del «iberismo» –la unión nacional entre Portugal y España–, los «icarianos» –Abdón Terradas, Narciso Monturiol, etc.–, que tenían una predisposición mesiánica y hablaban de entablar un viaje al estilo del «arca de Noé» hacia la «tierra prometida, Icaria» para librar al pueblo de sus males y, por último, Fernando Garrido, cuyo pensamiento es el más similar de entre todos los utópicos a aquél de Pi i Margall, pero sin desarrollarlo con la misma claridad, fuerza y espíritu revolucionario. El pensamiento de Pi i Margall, pese a contener las limitaciones filosóficas y políticas que conllevaba haber sido el primero en romper con las tradiciones reaccionarias implícitas en el socialismo utópico español hasta entonces, nos legó infinidad de reflexiones que vale la pena repasar en la actualidad, sobre todo en torno a la propia cuestión nacional:

domingo, 19 de enero de 2020

¿Un gobierno PSOE-Podemos satisface los problemas de los trabajadores? ¿Es el socialdemocratismo un aliado fiable en la lucha contra el fascismo?


«a) ¿Cómo resumiríamos el pensamiento socialdemócrata?:

«En el plano interno:

(a) renunciaban tanto al leninismo como al marxismo oficialmente, declarando a ambos como obsoletos e inservibles, optaban por el socialdemocratismo reformista concretizado de los últimos años; (b) fijaban como base central de su pensamiento la «armonía entre clases» en detrimento de la lucha de clases marxista-leninista; (c) negaban la necesidad de la revolución apostando por reformas; dicho de otro modo, renunciaban a la toma del poder a través de la revolución violenta en favor de la vía pacífica a través del parlamento burgués, negando que la violencia revolucionaria de las clases explotadas contra las clases explotadoras sea una evidencia histórica; (d) creían que el Estado no es la herramienta de una clase determinada para imponer su dictadura, sino que es una herramienta para «mitigar las contradicciones entre las clases sociales y armonizarlas», creían que no era necesario derribar y destruir el viejo aparato del Estado burgués para llegar al socialismo, sino que defendían que el aparto del Estado burgués y la democracia burguesa era la democracia de todas las clases sociales y podía dar el socialismo al proletariado aprovechando el sistema parlamentarista burgués, a diferencia del concepto marxista-leninista de que la democracia burguesa es expresión de la dictadura de una clase determinada, la burguesía, y que no existe pues democracia para todos, ni existen medios a través de sus instituciones para transitar al socialismo, debido a que mantiene su poder económico y tal estructura de Estado responde además a salvaguardarlo, por tanto es necesario derribarlo a través de la toma del poder político, crear el nuevo poder de las masas populares; los soviets, y acabar con el poder económico de las clases explotadoras, para que el proletariado ejerza su dictadura, su democracia de clase en alianza con las masas populares; e) pensaban que nacionalizando ciertas empresas, creando una «economía mixta», se podría crear una cierta planificación, «acabar con las crisis del capitalismo», e incluso llamar a tal sociedad «socialista», por otro lado los marxistas-leninistas veían en esto tan solo la creación del capitalismo de Estado –propiedad colectiva de los capitalistas– frente a la abierta propiedad privada –propiedad individualizada de uno o varios capitalistas– y un intento vano de reprimir fallidamente la acción de las leyes capitalistas que por otro lado no se eliminaban y seguían operando dentro de empresas nacionalizadas, no solucionando las crisis económicas; f) teorizaban que el arte, la educación, la música, la literatura, toda la cultura en general era neutral en la sociedad capitalista-burguesa, negando la explicación marxista de que la cultura como parte de la superestructura está determinada por la base económica del Estado que es burgués, en tanto no es ni puede ser neutral; g) rehabilitaron a la religión, y concebían la posibilidad de unir la ideología socialdemócrata y la ideología religiosa y de lograr una sociedad socialista plena sin eliminar la religión, contrariamente a los marxista-leninistas que educaban a sus cuadros en el ateísmo científico, y veían incompatible el marxismo-leninismo y su materialismo-dialéctico con el idealismo-metafísica de la religión, y ligaban la cultura de la sociedad socialista al triunfo del ateísmo sobre la religión en sus miembros; h) en sus partidos no exigían unidad ideológica y de acción, dejando vía libre al eclecticismo ideológica y a las fracciones, tampoco tenían especial interés en mantener una composición social sana, ello les diferenciaba de la línea monolítica, de férrea unidad ideológica del partido marxista-leninista, y de su preocupación por agrupar a los elementos más avanzados del proletariado y del resto de clases populares que mantuvieran una ideología proletaria.

Y en el plano exterior:

(a) Anteponían los intereses nacionales a costa de los intereses internacionalistas, es decir, abandonaron el internacionalismo proletario por el socialchovinismo; b) creían que en esta época del capitalismo era posible un mejor reparto de las riquezas entre países, a diferencia de los marxistas-leninistas que concluían que en la época imperialista del capitalismo, de la monopolización, lejos de ocurrir esto, hacia más voraz a los países capitalistas imperialistas en su carrera por conquistar nuevas tierras, nuevos mercados, etc.; c) creían que la cuestión nacional y colonial era algo secundario o incluso artificial, y apoyaban las teorías chovinistas e imperialistas y de opresión nacional, frente al marxismo, que reconocía este problema y buscaba darle solución». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2015)

jueves, 8 de agosto de 2019

¿Contra la casta o aliados de la casta?; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Es necesario recuperar la memoria para reparar en la liquidez de los planteamientos políticos y en la fragilidad de los postulados ideológicos. En 'Una nueva transición' (editorial Akal 2015), un libro firmado por Pablo Iglesias, subtitulado 'materiales del año del cambio', el líder morado expresaba la siguiente opinión: 

«Un Podemos con la fuerza suficiente para exigirle al PSOE dos ministerios importantes y entrar en el Gobierno podría ser algo que nos diera experiencia de gobierno, pero nos destruiría electoralmente. Igual que para el PSOE entrar en un Gobierno con nosotros sería terrible. Y votar a favor de ellos en una investidura nos haría muchísimo daño…nos obligaría a lo que proyectaba el diario 'El País'… sois un sustituto muy digno de IU, más listos, con más 'swing', mejor estilo, por eso con mejores resultados, pero sois una tercera fuerza política que se ubica en lo que son las terceras fuerzas políticas progresistas en Europa». (Pablo Iglesias; Una nueva transición, 2015)

Las anteriores frases se recogen en la página 115 del texto recopilatorio antes citado. Otras muchas opiniones provocarían estupor observando lo que cuatro años después de aquellas estimaciones ha ocurrido con el discurso político de Pablo Iglesias. El secretario general de Unidas Podemos ha fracasado, sin paliativos, en su gestión como dirigente de la organización. Por esa razón, en julio de 2019 pretende una vicepresidencia en el Gobierno de Sánchez, ministerios para dirigentes de su partido a cambio investir presidente del Ejecutivo al secretario general del PSOE. Iglesias no ha logrado el sorpaso al PSOE, no ha «asaltado los cielos», tampoco es «una tercera fuerza política progresista» sino cuarta en el Congreso de los Diputados y lo que es aún mucho peor: Iglesias y Montero han privatizado su partido. Para poder sostener sus liderazgos mantienen una estrategia radicalmente opuesta a la que diseñaba el zamorano en 2015. La comparación entre aquellas palabras y estos comportamientos resulta escandalosa». (El Confidencial; El Iglesias anterior: «Gobernar con el PSOE nos destruiría», 28 de junio de 2019)

Esta cita es sobradamente ejemplificativa sobre la evolución de Podemos respecto al PSOE, pero cualquiera que haya seguido la trayectoria de Pablo Iglesias sabrá que esto no debe de pillarnos por sorpresa. En 2013 reconocía que para él el PSOE no era su adversario político:

«En este momento traducir un discurso nos permitirían competir con nuestros verdaderos adversarios políticos, que no es el PSOE
». (Pablo Iglesias; Discurso en la Universidad de Verano de Izquierda Anticapitalista en Segovia, 2013)

Poco después, con Podemos ya formado en 2014, Pablo Iglesias aprovechó la enorme caída de popularidad del PSOE para aparentar ir contra él durante un tiempo. 

De hecho, todo el mundo sabe Podemos irrumpió en el panorama político español con unos eslóganes muy claros. Entre ellos señalaban abiertamente al bipartidismo de los partidos tradicionales del PP-PSOE, a los cuales calificaba de ser una casta política institucionalizada, culpable de los males socio-políticos de los últimos años como el desempleo, la precariedad o la corrupción endémica. 

«Está claro a qué intereses sirven gobiernos como el del PSOE o el del PP, que nos llevan al desastre. (...) Lo que está claro es que la casta política dominante, que por desgracia no son carteros de los ciudadanos, que es lo que deberían ser y no mayordomos de los bancos, forman parte del problema. (...) En nuestro país PP y PSOE cambiaron la Constitución y han votado juntos el 70% de las mociones en el Parlamento Europeo. (...) Nosotros decimos que la democracia es poder elegir otra cosa, porque nuestra casta ha demostrado que, más allá de que sean unos corruptos, además son inútiles». (Pablo Iglesias Turrión; Declaraciones a la Agencia EFE, 18 de mayo de 2014)


Aquí como vemos Podemos señalaba a estos partidos como fieles sirvientes de los intereses económicos de la oligarquía.

miércoles, 17 de julio de 2019

Lo que algunos «marxistas» olvidan del parlamentarismo y la revolución


«¿Y quiénes eligen el Parlamento? ¿Quiénes lo forman? La elección, ya sea por medio de un sistema restrictivo, ya por otro más amplio o por el sufragio universal, la verifican siempre los privilegiados. Como la libertad política, única que hoy cabe tener, no lleva aparejada la libertad económica, el obrero, libre politicamente para votar a quien le parezca, no lo es por la esclavitud que le impone el taller o la fábrica. La prueba de que aun con el sufragio universal las elecciones son hechas por los burgueses nos la suministran los países en que impera este sistema de elección tales como el nuestro, Francia, Suiza, Alemania y los Estados Unidos. Nosotros defendemos el sufragio universal por ser un excelente medio de agitación y propaganda para nuestras ideas; pero le negamos la virtud de poder por sí mismo emancipar a la clase proletaria. (...) Los trabajadores no deben olvidar nunca que su acción revolucionaria tiene por fin supremo arrebatar a la clase capitalista, con los instrumentos de trabajo, su propia existencia. Así como para que un hombre no sea esclavo de otro es de otro punto necesario transformar los medios de producción en propiedad común, en propiedad de todos, al revés precisamente de lo que acontece hoy, que son propiedad de algunos individuos o colectividades, así también para efectuar esa transformación, para obligar a la clase capitalista a que devuelva a la sociedad los instrumentos de trabajo que detenta, es imprescindible que la clase trabajadora, que todos los proletarios perfectamente organizados y dispuestos a liberarse del yugo que por tanto y tanto tiempo han venido sufriendo, se apoderen del poder político; esto es, lo arranquen de las manos de la burguesía y se hagan dueños de él. (...) La clase burguesa, por debilitada que se encuentre cuando el proletariado se halle en situación de abrir las puertas de la vida al nuevo organismo social, no renunciará de buen grado, no se desposeerá voluntariamente de sus preeminencias y monopolios. Sólo ante la fuerza se someterá, y sólo obligada por ella restituirá a los despojados lo que a éstos pertenece por todos conceptos. Es cierto que aspiramos a llevar representantes de nuestras ideas al municipio, a la diputación y al parlamento, pero jamás hemos creído, ni creemos que desde allí pueda destruirse el orden burgués y establecer el orden social que nosotros defendemos. ¿Cómo habíamos de caer en tal error, si precisamente el parlamentarismo es la institución por la cual la burguesía ha asegurado mejor su poderío y obtiene de los gobernantes lo que más conviene a sus intereses? No; no incurriremos en la candidez de creer que nuestras ideas puedan tener mayoría en los Parlamentos, en las Diputaciones ni en los Municipios; por el contrario, entendemos que será relativamente fácil hacer franquear las puertas de esos baluartes burgueses a algunos representantes de nuestras ideas, y al conseguirlo, no esperamos de sus esfuerzos ni de sus trabajos que hagan cambiar el rumbo de la nave burguesa, es decir, paralizar la explotación que ésta ejerce sobre la clase obrera. Si nosotros queremos que vayan a aquellos sitios diputados o concejales socialistas es porque allí, merced a sus proposiciones o sus proyectos de ley, además de poder arrancar alguna mejora para los trabajadores, hará que se manifieste el antagonismo de clase; que los Gobiernos burgueses se revelen tal cual son, guardadores y nada más que guardadores de los intereses capitalistas; que los distintos partidos de la burguesía, monárquicos y republicanos, no obstante sus diferencias políticas, se muestran unidos en contra de las reclamaciones obreras; que se vea, en fin, que mientras se hacen en tres días o una semana leyes provechosas a los intereses de la clase expoliadora, no se elabora ninguna o se elabora de mala gana e incompleta, al cabo de muchos años, alguna favorable a los proletarios. Queremos, sobre todo, enviar representantes socialistas al Parlamento, las Diputaciones y el Municipio para que se valgan de esas tribunas y agiten desde ellas, convirtiéndolas en foco de propaganda de nuestra doctrina, a la inmensa masa desheredada, con lo cual, si no conseguimos que el Parlamento burgués, obrando contra sus intereses, acepte nuestras ideas, lograremos que la clase trabajadora adquiera conciencia de sus intereses. Al mostrarnos, pues, partidarios de que vayan representantes socialistas al Parlamento o a los cuerpos administrativos, no entra en nuestros cálculos sacar de ellos la transformación de los instrumentos de trabajo en propiedad común; lo que intentamos con eso es contribuir desde allí a la formación del Ejército Revolucionario. (...) Y formado que sea ese ejército, preparadas que se hallen las huestes obreras, cualquier conflicto de los que necesariamente ha de producir el orden burgués: una guerra, una crisis económica, puede ponernos, en el caso de intentar la conquista del poder político, conquista que según se desprende de lo dicho al principio de estas líneas, solo podrá alcanzarse revolucionariamente, y nada más que revolucionariamente. Por tanto, el Partido Socialista Obrero no ha entendido ni entiende que el ir al Parlamento sea para conquistar el Poder político ni que esta conquista pueda ser pacífica». (Pablo Iglesías Posse; El programa socialista, 1886)

miércoles, 22 de mayo de 2019

Las elecciones, la amenaza del fascismo, y las posturas de los revisionistas; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


[Post publicado originalmente en 2019 y reeditado en 2023]

«En lo que va de año hemos asistido a toda una serie de opiniones que subrayan la aparición de un discurso antiguo caracterizado por la inquina xenófoba, el chovinismo nacional y el talante antidemocrático, es decir, el ascenso de discursos con tonos que recuerdan en demasía al fascismo. En lo concreto estamos refiriéndonos a la entrada del partido Vox en el panorama político, teniendo como cenit su entrada en el gobierno de Andalucía y  en el «Congreso de los Diputados». Vox parece haber recogido el sentir de grupos antes dispersos y de baja incidencia, como Hoga Social Madrid, escisiones del PP y otras agrupaciones, conocidas en los medios de comunicación durante estos últimos años por su nostalfia hacia los regímenes fascistas. El siguiente documento tendrá como fin analizar qué es Vox, más allá de defensores o detractores.

En el mismo sentido, también hemos de abordar el popularizado temor y creencia que auguraba que dicha formación, Vox, quedaría por delante de partidos tradicionales en las elecciones del 28 de abril de 2019, cosa que finalmente no ha sucedido.

Por último, tendremos que volver a cuestiones ya comentadas aunque sea de pasada: nos referimos al carácter del fascismo o los errores históricos que han cometido los movimientos antifascistas, cuestiones que han sido expuestas en demasía en este medio. De todos modos, siempre que sea preciso, dejaremos los enlaces para que el lector que lo desee pueda profundizar.

Sin más dilación, comencemos.

I
Un análisis de los resultados electorales del 28 de abril de 2019

Para ponernos en situación, debemos de atender al hecho que las elecciones del 28 de abril de 2019 fueron convocadas a causa de la incapacidad del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Pedro Sánchez para sacar adelante los presupuestos del año próximo; algo bastante predecible si consideramos que se encontraba gobernando en minoría, y que le arrebató el gobierno al Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy mediante una «vía no electoral» pero totalmente constitucional que exigió la colaboración de varios grupos políticos con diferencias programáticas pronunciadas. Esto arrojaba una evidencia clara, la unidad de esas fuerzas políticas contrapuestas solo fue circunstancial y a propósito de la aplicación de la «Moción de Censura» a Rajoy, una vez alcanzado no había nada que pudiera mantenerlas en un propósito común.

Lo primero que hay que observar en las recientes elecciones es la participación: 75,75%, un 9,3% mayor que en las elecciones de 2016. Estas cifras tumban las fantasías de anarquistas y todo tipo de bakuninistas disfrazados de marxistas sobre la llamada «revolucionarización de las masas» y la presunta «pérdida de ilusiones sobre el parlamentarismo» con que adornan su propaganda. Y es que si algo han demostrado estas elecciones es la vitalidad del sistema capitalista y sus representantes, que se sostienen a pesar de los sonados casos de corrupción e incumplimiento de sus promesas electorales. Además se observa la debilidad manifiesta de la clase obrera y sus organizaciones, ya que no hay ninguna organización ya no marxista sino revolucionaria, que haya logrado representación. Esto será analizado más adelante, pero que no debemos perder de vista: el proletariado no tiene idenpendencia y representación política.

A grandes rasgos, los resultados en las elecciones son los siguientes.

El gran triunfo del PSOE

El sorprendente resultado del PSOE con 28,68% y 123 escaños, lo cual supone un amplio ascenso. Esto difícilmente es explicable si tenemos en cuenta que Pedro Sánchez no ha cumplido prácticamente ninguna de sus promesas que esgrimía poco antes de solicitar la «Moción de Censura» contra la Presidencia de Mario Rajoy. Que en estos meses haya logrado ampliar los apoyos pese a incumplir su programa puede explicarse, en gran medida, por el miedo que ha causado la irrupción de Vox en el gobierno andaluz y sus primeras medidas reaccionarias tomadas desde una posición de poder. Ha habido, pues, un efecto rebote por el «ascenso del fascismo» de Vox que ha hecho movilizar al electorado que generalmente se encuentra en el espectro ideológico a la izquierda del PP, C’s y Vox. 

sábado, 20 de abril de 2019

La unidad de la clase obrera. Una concepción oportunista de la lucha por el partido único del proletariado; Partido Comunista de España (marxista-leninista), 1975


«Es un hecho evidente que la desunión de la clase obrera española fue una de las causas fundamentales de la pérdida de nuestra guerra nacional revolucionaria contra el fascismo. Su unidad para un hecho concreto –el aplastamiento inicial de la sublevación fascista–, fue el factor decisivo de la victoria del 19 de julio de 1936, pero aquella unidad no estaba cimentada sólidamente, sino que se basaba tan sólo en el impulso de las masas que se lanzaron al asalto de los reductos facciosos sublevados.

La clase obrera española, desde su despertar, estuvo influenciada por ideas no proletarias. Tanto la socialdemocracia como el anarquismo, fueron las ideas predominantes entre el proletariado a través de su historia. Esas ideas de derecha y de «izquierda» le han inducido siempre a sufrir duros fracasos. El nacimiento del Partido Comunista arrancó de manos de las corrientes no proletarias a ciertos sectores conscientes de la clase obrera, mas no consiguió tener una gran influencia en las organizaciones de masas proletarias –sindicales–, ni siquiera durante la guerra. Este hecho fue una de las causas fundamentales de que no se pudiera alcanzar la unidad de la clase obrera, ni siquiera ante la amenaza fascista y de subyugación nacional.

Pero si bien hubo causas objetivas que explican esta debilidad del Partido Comunista de España (PCE), el hecho de que a pesar de la indudable influencia que tenía como tal entre las masas trabajadoras no se hubiera ganado la dirección de un movimiento sindical importante, se debe también a que no supo poner en primer lugar de su política de masas la necesidad de levantar su propia línea sindical revolucionaria. Su política de unidad y de Frente Unido de la clase obrera se limitaba y subordinaba a las alianzas, acuerdos y treguas por arriba, con los líderes socialdemócratas del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Los dirigentes del Partido no supieron ver que para forjar una sólida unidad de clase, es imprescindible levantar potentes correas de transmisión entre el Partido Comunista y las masas, para lo cual hubiera sido preciso desplegar un amplio trabajo de masas por abajo, tendente a desplazar la influencia de los líderes y la línea socialdemócrata de la base sindical organizada en la UGT.

En aquella coyuntura era preciso para el Partido Comunista a la vez que enarbolar la bandera de la unidad con el partido socialdemócrata y con las organizaciones de masas bajo su influencia, desplegar una lucha sin concesiones contra la socialdemocracia como ideología y como política de conciliación de clases. Era preciso llevar una labor de esclarecimiento entre la base de masas de la socialdemocracia, de cara a desplazar su influencia y su dirección sobre las organizaciones sindicales.

Lenin dice:

«Sólo el Partido político de la clase obrera, es decir, el Partido Comunista está en condiciones de agrupar, educar y organizar a la vanguardia del proletariado y de todas las masas trabajadoras, el único capaz de contrarrestar las inevitables vacilaciones pequeño-burguesas de estas masas, las inevitables tradiciones y caídas en la estrechez de miras gremial o en los prejuicios sindicales entre el proletariado, y dirigir todo el conjunto de las actividades del proletariado, esto es, dirigir políticamente y a través de él a todas las masas trabajadoras. (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Proyecto inicial de la resolución del Xº Congreso del P.C. de Rusia, sobre la desunión sindicalista y anarquista de nuestro Partido, 1921)

Sin embargo, ya en 1935, en la Internacional Comunista, se advirtió sobre las peligrosas tendencias que se manifestaban a rebajar el papel del Partido Comunista en las filas del frente único del proletariado y a reconciliarse con la ideología socialdemócrata [1].  Esta tendencia derechista –en la cual fue a caer el Partido en España en una u otra medida– olvidaba que la política de frente único del proletariado es un método para traer a los obreros bajo influencias no proletarias –en aquel momento la socialdemocracia principalmente– a la política comunista, haciéndoles ver la falsedad de la política reformista. La política de Frente Unido no podía ser nunca una forma de reconciliación con la ideología y la práctica socialdemócratas.

viernes, 29 de marzo de 2019

Los falsos revolucionarios


«Cual si pretendieran algo más que verificar un simple cambio político, como si su programa no estuviese reducido solamente a sustituir una forma de gobierno por otra, sin tocar un ápice al fondo, a la estructura económica de la sociedad burguesa, los partidos republicanos, excepción hecha del posibilista, danse el título de revolucionarios y hablan constantemente de ir a la revolución. Como en realidad los que se proponen efectuar ésta, los que pueden y deben llamarse revolucionarios, son aquellos que quieren llegar a lo hondo, cambiar la organización social presente, matar los privilegios y monopolios que permiten a unos hombres ser dueños de la fortuna y la vida de los demás, y establecer un orden de cosas que tenga por base la solidaridad entre los seres humanos, conviene hagamos notar en qué se distinguen los verdaderos revolucionarios de los que lo son únicamente de nombre. 

Son falsos revolucionarios los que, mediante un hecho de fuerza en que el pueblo trabajador no toma parte, tratar de derribar un trono y poner en su lugar un presidente que mantenga igual que aquél los intereses de la clase explotadora. 

Son falsos revolucionarios los que desean barrer la monarquía, acabar con reyes que ciñen corona, y dejar subsistir, sin embargo, el régimen burgués y los reyes de taller, mucho peores que 312 aquéllos. 

Son falsos revolucionarios los que, reconociendo que la existencia de la Iglesia católica es un obstáculo al progreso del pueblo, y ensalzando a todas horas el librepensamiento, y hasta el ateísmo, se contentan con pedir que se suprima del presupuesto la cantidad que anualmente se entrega a aquélla, en lugar de reclamar que cuanto la misma posee, cuanto ha acaparado, explotando conciencias y valiéndose del engaño, se arranque de su poder y se restituya a la sociedad. 

viernes, 15 de junio de 2018

El PSOE como garante de los intereses del imperialismo estadounidense


«Los lazos de los estadounidenses con España eran excelentes con Franco por los Pactos de Madrid de 1953, España era un Gladio en sí misma durante la era franquista, siendo además, conocida por ser el centro de exilio preferido tanto de ex dirigentes nazis, neofascistas italianos como de peronistas. A la muerte de Franco en 1975, son conocidos por todos la labor del imperialismo estadounidense para financiar al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), un partido que había desaparecido durante 1939-1975. Dicho partido vio en su seno una especie de refundación gracias a la inyección de capital emitida a través de los socialdemócratas de la Alemania Occidental. El libro de «La CIA en España: espionaje, intrigas y política al servicio de Washington» de 2006 reúne una montaña de pruebas de fuentes directas, pero hay variada documentación sobre ello más allá de este libro. En él se citan comentarios como el siguiente, otro exagente de la CIA confesando lo ya obvio para todos desde hacia tiempo, que EE.UU. se dedicó a fomentar una «izquierda» domesticada valiéndose del socialdemocratismo:

«Dentro del «Programa Democracia», elaborado por la Agencia, se cuida con especial atención a las fundaciones de los partidos políticos alemanes, principalmente a la Friedrich Ebert Stiftung, del Partido Socialdemócrata, y la Konrad Adenauer Stiftung, de los democristianos. Estas fundaciones habían sido establecidas por los partidos alemanes en los años cincuenta y se utilizaron para canalizar el dinero de la CIA hacia esas organizaciones, como parte de las operaciones de «construcción de la democracia», tras la Segunda Guerra Mundial. Después, en los sesenta, las fundaciones alemanas empezaron a apoyar a los partidos hermanos y a otras organizaciones en el exterior y crearon nuevos canales para el dinero de la CIA. Hacia 1980, las fundaciones alemanas tienen programas en funcionamiento en unos sesenta países y están gastando cerca de 150 millones de dólares. Operan en un secreto casi total. (...) Las operaciones de la Friedrich Ebert Stiftung (Fundación), del SPD, fascinan a los norteamericanos, especialmente sus programas de formación y las subvenciones que hicieron llegar a los socialdemócratas de Grecia, España y Portugal, poco antes de que cayeran las dictaduras en esos países e inmediatamente después». (Zona Cero; Entrevista con Philip Agee; Las operaciones blanqueadas de la CIA, 1987) 

Cuando los marxista-leninistas soviéticos declaraban que los jefes socialdemócratas de la Internacional Socialista eran traidores, antipatriotas, vendidos al imperialismo y demás calificativos, no era fruto de una verborrea propagandística, ni un arranque de pasión, era una realidad constatada. El deber de todo comunista era y es, denunciarlos sin miramientos, exponer sus planes, sus nexos con la reacción internacional, demostrar su cariz ante sus bases y unirse en acciones concretas con los militantes que realmente tengan nociones y planteamientos de tipo antiimperialistas, patriotas y combativas contra el enemigo de clase:

«En vista de que la mayoría de los líderes de los partidos socialistas –especialmente los laboristas británicos y los socialistas franceses– actúan como agentes de los círculos imperialistas de Estados Unidos, ha recaído sobre los comunistas el papel histórico especial de liderar la resistencia al plan estadounidense de subyugar Europa, desenmascarando valientemente a los cómplices del imperialismo estadounidense en sus propios países. Al mismo tiempo, los comunistas deben apoyar a todos los elementos verdaderamente patriotas que no quieren ver a sus países sometidos y quieren luchar contra la subyugación de sus países al capital extranjero y por la conservación de su soberanía nacional. Los comunistas deben ser los líderes en el reclutamiento de todos los elementos antifascistas y amantes de la libertad, en la lucha contra los nuevos planes expansionistas estadounidenses para la subyugación de Europa». (Andréi Zhdánov; Sobre la situación internacional; Informe en la Iº Conferencia de la Kominform, 1947)

Los recientes informes desclasificados de la CIA describían a Felipe González como:

«Creemos que la disciplina del PSOE, la moderación ideológica y su pragmatismo le dan al partido la posibilidad de mantenerse los próximos cuatro años». (CIA; España: El nuevo sistema de partidos, 1982)

Por ello creían que la victoria del PSOE en las elecciones de 1986 servía para continuar asegurados los intereses estadounidenses en España:

«El resultado más probable de las próximas elecciones –una continuación del mandato socialista– sirve a los intereses de EEUU». (CIA; 
¿Puede el centro-derecha hacer frente a los socialistas?, 1984)

¿Y no era así? En lo económico el PSOE vino a acabar la obra del franquismo: la integración en la CEE y en la OTAN. La España de Franco solicitó formalmente entrar en la Comunidad Económica Europea (CCE) en 1962, lo cual propicio una lucha interna de países miembro a favor y en contra con una fuerte presión social detrás, pese al rechazo final, a cambio se firmo el beneficioso acuerdo CEE-España de 1970 donde se rebajaron los niveles arancelario, sin duda un gran favor de las democracias burguesas occidentales de los muchos que se dieron a la dictadura franquista mientras se aparentaba mantener una política de aislamiento. En 1979, ya bajo gobierno de la UCD de Suarez, se volvió a pedir la integración en ella y esta vez se estudio el caso, pero solo fue confirmada con la llegada del PSOE de Felipe González en 1982, concluyéndose la incorporación en 1986.

En lo militar, la España fascista de Franco también estaba ligada por diversos tratados militares a EE.UU. desde los años 50, también a partir de 1979 se iniciaron los trámites para volver a valorar la idea de agregar oficialmente a España en la OTAN, pero de nuevo apareció en escena un PSOE, quién en principio abogaba por no adherirse a la OTAN, pero que tras llegar al poder volvió a consumar los deseos del viejo franquismo, haciéndose oficial la integración en el pacto militar en 1982.

Por lo tanto, no es una exageración, sino una obviedad que el PSOE también era a su modo un Gladio en sí, esto es: otro agente en favor de los intereses estadounidenses». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

domingo, 11 de febrero de 2018

Felipe Gonzalez propone el «socialismo» español como modelo internacional; Elena Ódena, 1983


«Se han reunido en Madrid, bajo la presidencia y el liderazgo «ejemplar» de Felipe González, el pasado 11 de febrero, los líderes de la llamada Internacional Socialista.

El objetivo de este cónclave de la Internacional Socialista (IS), ha sido el de adaptar mejor sus anteriores Declaraciones de Principios, de 1951 (Frankfurt), a las actuales necesidades del sistema capitalista y del imperialismo.

Es evidente que tras la traición a la revolución de los antiguos partidos comunistas, el imperialismo ha vuelto a centrar sus esfuerzos para manipular y controlar el movimiento obrero y popular, en los partidos socialistas de la II Internacional.

Cabe recordar el papel de agentes de la burguesía y del socialchovinismo que la mayor parte de los partidos de la II Internacional, desempeñaron en 1914 –durante la I Guerra Mundial–, frente a las tesis leninistas de oponerse a la guerra interimperialista desencadenada por las principales potencias capitalistas europeas de entonces, y que dio lugar a una espantosa matanza entre los pueblos, que duró 4 años, para la mayor gloria y beneficio de los respectivos estados burgueses. Tras aquella ruptura entre socialistas revolucionarios consecuentes y socialchovinistas y oportunistas, se proclamo, impulsada principalmente por Lenin, la III Internacional Comunista, basada en los principios de la lucha de clases como motor de la historia, en la dictadura del proletariado y en el internacionalismo proletario.

Desde entonces, la II Internacional o Internacional Socialista y los partidos que permanecieron en ella o se adhirieron más tarde, han jugado en todo momento el papel de fieles «gerentes del capitalismo».

Actualmente, el ejemplo del PSOE en España, uno de los artífices fundamentales de una transición sin ruptura con el franquismo, y que Felipe González propone como modelo internacional a los partidos socialistas del mundo, es el típico modelo de una política al servicio de los intereses más urgentes y actuales de la burguesía y el imperialismo. En España se han dejado intactas las estructuras y los mandos del Ejército y la policía franquistas; no ha habido ningún cambio esencial en las estructuras económicas, ni en la industria ni en el campo. Sólo retoques y saneamientos actualizantes, para dar una mejor y más eficaz imagen y funcionamiento del aparato administrativo legado por el franquismo.

La crisis, que la paguen los trabajadores a golpe de pactos antiobreros, subidas de precios incesantes, despidos masivos y un constante aumento de la productividad, etc.

Y como aspecto determinante de su servilismo hacia el imperialismo yanqui y el capitalismo español, el PSOE ha «congelado» la pertenencia de España a la OTAN; las bases militares yanquis siguen donde las dejó Franco, y, por si fuera poco, este Gobierno «socialista» presentado como «modelo», se propone invertir cientos de miles de millones en comprar nuevos aviones y material bélico al imperialismo norteamericano. ¡Bonito «modelo» para los pueblos de América Central y de toda América Latina, por ejemplo, que sufren día a día la violencia y la explotación más brutales bajo unas dictaduras proyanquis!

No es por casualidad que, precisamente en la actual situación de crisis económica mundial del sistema capitalista, incluso en España, tras 40 años de dictadura fascista abierta, la oligarquía y el imperialismo yanqui hayan favorecido y propulsado un Gobierno «socialista» para aplicar precisamente la política antiobrera y antipopular, envuelta en demagogia socialista, que necesitaban.

La historia y los acontecimientos de lo que va de siglo nos enseña que esta política oportunista, chovinista y lacayuna de los líderes socialistas, política que denominan de «socialismo democrático», siempre ha desembocado en momentos críticos en: 1) una desmovilización de la clase obrera y de las fuerzas democráticas: 2) una potenciación del chovinismo y el patrioterismo –actualmente estamos asistiendo a este fenómeno en relación con Ceuta y Melilla y con Gibraltar, por ejemplo, a la vez que se mantienen las bases extranjeras yanquis en nuestro suelo patrio–; 3) una tolerancia criminal con el resurgimiento de las fuerzas de choque del capitalismo –el fascismo–.

Así pues, en los momentos actuales, el PSOE, al igual que en el pasado, pretende desempeñar a fondo el papel de fiel «gerente de los intereses del capitalismo y el imperialismo». El proyecto de modernización de los principios de la Internacional Socialista tiene por objetivo fundamental el tratar de adaptar la política y los partidos «socialistas» a las nuevas necesidades y exigencias del capitalismo y del imperialismo en crisis.

Corresponde a los partidos y fuerzas marxista-leninistas y a todos los revolucionarios, oponerse y denunciar, paso a paso, estas nuevas maniobras del «socialismo» internacional, con las que pretenden afinar más aún su política de engaño de las masas trabajadoras y de los pueblos del mundo; frente al peligro de una nueva guerra imperialista y de eventuales agresiones y aventuras militares a las que, como estamos viendo, no se opondrían ni los dirigentes del PSOE ni los de los demás miembros de la Internacional Socialista». (Elena Ódena; Felipe Gonzalez propone el «socialismo» español como modelo internacional, 18 febrero de 1983)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Puede consultarse una definición del socialdemocratismo y su historia pinche [aquí], así como una crítica a la Internacional Socialista, pinche [aquí].

martes, 27 de enero de 2015

Joan Comorera ironizando que supondría seguir los pasos de la socialdemocracia, del anarco-sindicalismo o del nacionalismo burgués o pequeño burgués

Cartel propagandístico antifascista del Partido Socialista Unificado de Cataluña durante la Guerra Civil de 1936-1939

«Terceramente, también debemos aclarar nuestra ideología.


¿Queremos volver a la socialdemocracia, en alianza con los residuos anarco-sindicalistas? La socialdemocracia es un cadáver insepulto que contamina el ambiente. La socialdemocracia rusa sirvió a los generales blancos y a los ejércitos intervencionistas contra la Revolución de Octubre de 1917. La socialdemocracia alemana se entregó sin luchar frente a los caporales de Adolf Hitler. La socialdemocracia inglesa llegó al poder para entregarselo a Chamberlain. La socialdemocracia española era la fuerza fundamental de la República, y a los dos años y medio, la República caía en manos de los filofascistas. La socialdemocracia francesa llegó al poder en Francia apoyándose en el movimiento de masas más profundo que haya conocido Francia, y a los pocos meses inventó el Comité de No Intervención, se convirtió en el «valet de chambre» de Neville Chamberlain y de las «200 familias francesas» y meses después abriría las puertas del poder a Édouard Deladier y Georges Bonnet, clamó ir a la guerra contra la Unión Soviética y en ayuda de la Finlandia de Emil Mannerheim, votó la destitución anticonstitucional de los diputados comunistas, y dos tercios de sus diputados –«símbolos del cretinismo parlamentario»– votaron el juramento a la República de Pétain, la revolución nacional fascista de Pétain, la colaboración con los alemanes, según la filosofía de uno de sus líderes «valía más vivir hitleriano, que morir francés». La socialdemocracia finlandesa se ha aliado con Hitler en la guerra contra la Unión Soviética y las Naciones Unidas. La socialdemocracia sueca controla el gobierno que ha pactado con Hitler en el paso por territorio sueco, de tropas, armas y municiones contra la Unión Soviética y contra los «hermanos escandinavos» de Noruega. La socialdemocracia noruega  controla el gobierno que dejó a los «quislingistas» [1] que abrieran el fiordo de Oslo y el puerto de Bergen a la escuadra de Hitler. La socialdemocracia danesa en el poder, no dispara un solo tiro contra los núcleos de invasores y ha comenzado a colaborar con ellos y seguirá haciéndolo hasta que los nazis se cansen. Y así en Holanda y Bélgica. Y así en todos lados. En toda Europa son abundantes los Charles Spinnasse, los Paul Faure, los Thomas Mann, los anarco-sindicalistas como René Belin, servidores «abnegados» de los nazis. ¿Qué deseáis pues camaradas? ¿Os place la perspectiva de un Partido Socialista Unificado de Cataluña transformado en un apéndice del «socialismo» mierdificado del Sr. Indalecio Prieto? ¿Debemos convertirnos, «por milagro de Sant Jordi», en nacionalistas pequeño burgueses? Prepararense entonces para exaltar el nacionalismo ramplón  de la clase obrera catalana, a provocar, de contragolpe, el nacionalismo agresivo de la clase obrera española; a servir un plato gratis a la burguesía catalana, a la burguesía española, a las castas tradicionales enemigos jurados y sin cura de Cataluña y de la España progresista, a celebrar cada año muchas jornadas «Patrióticas», bien arregladas, con floridos ramilletes compuestos de claveles y ginestas, con sidra a todo trapo. ¡Que encuentros haríamos! ¡Después de estas comuniones se arreglaría el resto! ¿Os place camaradas, que el PSUC cambiara la hoz y el martillo por San Jordi y el dragón?». (Joan Comorera; Una nueva etapa histórica; Conferencia de Joan Comorera, en una asamblea de militantes del Partido Socialista Unificado de Cataluña, residente e Mèxico DF, con el motivo de disolución de la Komintern, 12 de junio de 1943)

Anotaciones de la edición:

[1] Vidkun Quisling, político noruego conocido por la colaboración con los invasores nazis. Su nombre se identificaba enseguida como sinónimo de traidor.